En una época marcada por las terapias de adiestramiento
conductuales, de refuerzos positivos y naturalistas, somos muchos, creo los que
hemos ido cogiendo retales de unas y
de otras para tratar de conseguir establecer un equilibrio entre la
consecución del respeto de nuestras mascotas, y el cariño de los mismos.
Muchos han sido los iluminados que han tratado de arrojar
luz y verdad (su verdad) acerca del tema, tanto es así que la mayoría de ellos
han escrito libros, han dado charlas y hasta salen en la tele, haciéndote ver
lo sencillo que es tener un perro equilibrado con una serie de pequeñas normas
que te llevaran hacia el respeto absoluto y la consecución de un perro feliz y
lo poco hábil en la materia que eres, que no has conseguido nada de lo que ellos, en 5 minutos consiguen.
Puestos ya en materia, y poniéndome en la piel de mi perra
más sensorial (eso creo yo), me planteo como percibirá este desaguisado de
ordenes, sonidos y gestos que según el estado de ánimo de cada momento, le
llegan desde el que debiera de ser su líder, y lo mas importante que pensara de
mi, esa persona, que en teoría debe de ser el punto de referencia a seguir.
“Allá vamos, son las 6
de la mañana y pese a las claras consignas de mi jefe, he pasado la noche
encima del sofá, es posible que no le parezca bien pero la jefa es bastante
flexible con respecto a la norma y el suelo de mármol es demasiado frío y duro
para poder descansar como dios (Cesar Millán) manda, tras desperezarme y beber algo
de agua, decido subir a la puerta donde los jefes duermen y apostarme en la
entrada para esperar que se levanten y me pongan un buen plato de comida. No
pasa demasiado rato de espera, hasta que se
despiertan , abren la puerta y los recibo con mi mejor energía, salto y les
choco los cinco, les paso por debajo de las piernas, pero el jefe comienza a
agitar los brazos y ladrar de un modo incomprensible, creo que no ha descansado
suficientemente bien esta noche así que creo que debo de saltar aun más fuerte
y de insistir con más ganas a ver
si se anima, pero el sigue agitando los brazos como un árbol mecido por la
tormenta y me manda escaleras
abajo hasta que él, unos minutos más tarde baja y nos sirve el tan ansiado
desayuno, no debe de haberle disgustado demasiado mis buenos días cuando me ha
puesto algo más que de costumbre. El ritual de la comida es simple, nos
sentamos mirando al plato, lo miramos a él, y cuando chasquea los dedos….al
ataque!!!, nunca he entendido porque nos hace esperar, antes de comer, porque
nunca pasa nada en ese periodo de tiempo, es más Asia y yo lo miramos
intentando adivinar que pasa por su cabeza esos segundos que se queda quieto
antes de dar su permiso, pero es imposible…
Hoy debe de ser uno de
esos días en los que no desaparecen mucho tiempo, porque huele a pan tostado,
café y mermelada, y todo parece ir a un ritmo más pausado que de costumbre, se
sientan en mi cama de la noche anterior y encienden la tele, lo cierto es que
nunca me ha interesado mucho ese artilugio, no desprende olores especiales, no
se puede comer y tampoco se puede perseguir… no se que tendrán en la cabeza los
jefes para pasar tanto tiempo delante de esto, y preferir quedarse mirándola
antes de salir a jugar horas y horas por el campo con nosotras. Como norma
general siempre soy prudente cuando comen, dejo un margen de 3cm entre mi trufa
y su plato(espacio más que razonable), pero al jefe no le parece bastante y me hace tumbarme , privándome
de disfrutar con los olores que se desprenden de sus ricas comidas pero eso sí, si
me quedo muy quieta, al final de todo, me dan un trocito de tostada como premio,
no hay nada como trabajar un poco para ganarse el sustento.
Tiempo de descanso… hay
que reposar lo comido y dormir un ratillo. Mientras ven a un hombre bajito con
unos compañeros canidos algo broncas que salen por la tele, algo que me gusta mucho es
apoyar mi cabeza en sus piernas, mientras están sentados, creo que es un gesto,
con el que le muestro el respeto y el cariño inmenso que les tengo y creo que podría
pasar horas así, porque siempre recibo una buena dosis de caricias y percibo como
conecto a un nivel sensorial con mi jefe. Pero tras un ratillo la intensidad de
los mimos van a menos, así que, una vez descansada y espabilada, debemos de movilizar al personal para salir de paseooooo!! Me
empleo a fondo para cantar a “grito pelao” , Asia se encarga de movilizar
sillas, sillones, mesas y vajillas varias, bajo los gritos de desaprobación de
los jefes que nos mandan para el jardín… pero este método es el que funciona
porque tras cantarles unas cuantas canciones más se levantan y después de
cambiarse conseguimos salir a explorar, solo era cuestión de insistir, como les
gusta hacerse de rogar a los humanos…
Mi jefe es una persona
que le gusta correr por el monte, pero… no busca nada, no se para a oler una
planta, no sigue un rastro en concreto y deambula por el campo ajeno a la
cantidad de cosas que se pueden hacer por aquí. Le encanta tenerme cerca, más
que cerca controlada, cuando salgo de su rango de visión enseguida me llama,
pero cuando llego no quiere nada y me deja marchar otra vez, lo que no entiendo
muy bien es porque me reclama entonces, es un poco extraño, pero sus motivos
tendrá. Le encanta lanzar palos y pelotas para que las busque, y disfruta como
un Chihuahua (enano) viéndome correr montaña arriba y montaña abajo, creo que
es el momento que más orgulloso se siente de mi, porque siempre que traigo el
juguete me acaricia como un padre lo haría con su hijo, y eso es lo que más me
llena de nuestras salidas. Al encontrar algún compañero canino, suele mostrarse
bastante estricto conmigo, se que soy algo bruta, pero tengo buen fondo, solo
quiero mostrarme fuerte para hacerme respetar, pero se muestra tenso y creo que
a veces no confía en mi lo suficiente, creo que no le he dado motivos para
desconfiar y es algo que me duele un poco, quizá si me dejara más libertad podría
demostrarle que soy una gran perra segura y capaz, y pese al jefe que tengo
bastante equilibrada.
Mi momento preferido
del día, es por la noche, cuando después de todo el estrés, los deberes
cumplidos y ya relajado, mi compañero humano me dedica mil y una atenciones
mientras mis ojos se cierran, me siento especial, me siento única, me siento
querida y siento que formo parte importante de su felicidad, este es el motor
de mi vida, conseguir que sus emociones sean más intensas, que su sonrisa sea más
sincera y que disfrute del día como yo disfruto de su compañía ”
Lo cierto es que así me gustaría que me vieran mis perros,
no aspiro a que lleguen a entender porque trato de disciplinarlos y
corregirlos, ni tan siquiera porque a veces soy tan estricto en el cumplimiento
de normas que a priori pueden resultar absurdas, solo espero que sepan que toda
la disciplina que reciben ( y creo
que lo saben) no es ni un ápice del amor que les tengo.


